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22 de enero de 2018

Proceso de realización de portada para la edición integral ampliada de JUAN BUSCAMARES









El Apocalipsis según Félix Vega

“Juan Buscamares”: el Apocalipsis según Félix Vega

La carrera de Félix Vega parece inmejorable para un artista chileno moderno. Ha sido capaz de hacerse espacio en el competitivo mercado europeo con varias publicaciones, publicado historias cortas en Playboy y parece que sus ambiciones no tienen límite, pues sigue ideando historias completamente originales para Europa, tanto como autor completo como dibujante. Dentro de todos estos años de arduo trabajo, Félix Vega creó Juan Buscamares.
Juan Buscamares nació cuando Vega aún trabajaba aquí en Chile. Publicada por Javier Ferreras  para Visual Ediciones en 1996, el primer capítulo —titulado simplemente “El Agua”— sirve como semilla para una historia llena de referencias obligadas como la post-apocalíptica Mad Max o la ecologista Dune, pero conforme la historia avanza, estas referencias comienzan a diluirse y se asoman otras más profundas y ambiciosas.
La historia de Juan Buscamares se desarrolla a través de cuatro capítulos: al mencionado capitulo “El Agua”, luego le siguen “El Aire”“La Tierra” y “El Fuego”, y nos muestran una tierra baldía, un yermo agreste donde los mares se han secado y el agua es la moneda de cambio. Este es un ambiente sacado del Mad Max de George Miller, pero que el director australiano nunca pudo explotar tan visualmente como lo hace Vega, al menos hasta Mad Max: Fury Road (2015).
Aquí Vega demuestra su talento visual, muy influenciado por el detallista trazo de Katsuhiro Otomo —incluso las escenas más violentas derrochan un aire a Akira por todos lados— y sus personajes son una mezcla entre la deformidad deliberada de los primeros años de Moebius —antes de su etapa más simplista—, pasando por la belleza de los personajes femeninos muy a lo Milo Manara. Vega se vale de estos elementos para contrastar realidades y motivos de forma clara. Aleluya, la acompañante inesperada en las aventuras de Juan Buscamares, es una mujer hermosa que ha sido obligada a prostituirse por agua. Su belleza se contrapone con lo desolado y agreste del desierto, con sus barcos abandonados y corroídos por el óxido y sus habitantes sucios y malolientes.
Para acrecentar la sensación de desolación, Vega utiliza viñetas alargadas para presentar su páramo, muy en la tradición de las películas de 70 mm, dándonos una sensación de que el desierto es interminable, justo como lo hacía David Lean en Lawrence of Arabia (1962), Juan Buscamares tiene momentos ‘Super Panavision 70’ tal como la epopeya en el desierto de Lean. El uso del color en estos pasajes de la historia son hermosos —Óskar Vega, padre del autor, ayuda en dos capítulos de la historia— mostrando degradados que se pierden en el horizonte y corrosión que carcome todo y a todos en este nuevo desierto.
Fotograma de Lawrence of Arabia de David Lean
En lo que respecta a la historia en sí, Juan Buscamares nos muestra a este personaje atravesando tierra inhóspita gracias a un vehículo imposible. Aquí es donde rescata a Aleluya del desierto y se enfrenta a un grupo de fanáticos militares. En este punto se refleja los pensamientos de Vega frente a la naturaleza humana. Lo más cercano a una civilización son grupos de fanáticos, ya sea militares o religiosos, y donde cada uno se impulsa a vivir el Apocalipsis gracias a sus creencias. Más adelante, el autor nacional introduce un grupo más reducido de marginados que creen en el carácter mesiánico del Buscamares y parecen ser una inquietante comunidad que vive en la paranoia ecológica.
Vega usa motivos religiosos durante toda la obra. Buscamares es ajeno a su historia pasada hasta que alguien le revela que es el mesías que traerá los mares de vuelta. Los sueños del protagonista parecen confirmar esto y la presencia de Aleluya —María Magdalena y Virgen María, todo en uno— a quien Juan confunde con un ángel son las referencias más claras a la influencia religiosa que Vega inyecta en su crónica. Pero también el autor no satura su creación con un solo elemento; en vez de eso, dosifica e impregna referencias como El Principito de Antoine de Saint-Exupéry —a quien Vega pone derechamente en sus viñetas— o la mencionada Akira y sus personajes telepáticos. Lo más interesante a mi gusto es la incorporación de la mitología Inca tanto en el prólogo como en el capítulo final. Esto puede resultar en un arma de doble filo para Juan Buscamares, porque transforma el final de la obra en un enorme deux es machina que puede que a más de alguno quite interés. A mí en lo personal me ha gustado el remate final, a pesar de dejar más preguntas respecto al mundo alrededor de Juan Buscamares.
La contraposición entre el submarino y la agreste tierra
Quizás los diálogos puedan ser el punto más bajo de la obra, pues no se sienten tan naturales como deberían ser. Pero el hecho es que los personajes no están en una situación natural y me da la impresión de que Félix Vega trata de insuflar cierto aire de western en los primeros capítulos de la historia. Conforme avanza su historia, Vega empieza a mostrarse más sólido en los diálogos, pero deja de lado uno de los elementos que más me ha gustado de los primeros capítulos: las viñetas silenciosas, las pausas necesarias para que el lector medite sobre los hechos. No es lago que arruine la historia, simplemente me hubiera gustado un poco más de cohesión a medida que avanza cada capítulo. De todas formas, no arruina para nada lo que el historietista chileno trata de mostrar conforme avanza en sus intensiones.
Hasta ahora, los chilenos solo hemos podido disfrutar de Juan Buscamares a través de sus ediciones españolas. Vega colabora con el sello Planeta Cómic para darnos en el mercado un integral lo más completo posible a un precio de lo más accesible. El tomo recopila toda la historia, incluye un prólogo exclusivo, portadas y numerosas ilustraciones previas que Vega realizó como planeación y diseño de la obra. Son alrededor de 200 páginas, sumando la buena calidad del papel y su tamaño mayor en tapa dura, termina dándonos la edición más completa de Juan Buscamares. El único ‘pero’ que le pondría sería la fuente usada para rotular los diálogos, emasiado digital para lo orgánico que es el arte de Vega. Es un ‘pero’ menor de todas formas, no obstante es bueno señalarlo.
Juan Buscamares se posiciona como un clásico de la historieta chilena. Félix Vega llena su historia de referencias claras, pero nunca dejando de lado sus raíces latinoamericanas, dándonos una obra que puede ser leída con claridad en cualquier parte del mundo. La universalidad del relato se complementa con el potente arte de Vega —además de la colaboración de su padre— dejando al autor nacionalidad muy bien catalogado como artesano de valor internacional. El fácil alcance del tomo editado por Planeta Cómic convierte en un crimen el no adquirir la obra de Vega. A buscar esa ballena, jóvenes.


https://www.cuartomundo.cl/2017/10/05/juan-buscamares-1996-el-apocalipsis-segun-felix-vega/

JUAN BUSCAMARES en NERDIX


El integral de Juan Buscamares, editado hace muy poquito por Planeta Comic, no es sino la culminación de un largo camino, que comienza con la primera publicación de esta serie de 4 números entre los años 1997-2003. Buscamares es considerada una de las historias clave del cómic nacional (aunque no haya sido editada en Chile sino hasta ahora), y es avalada también por grandes autores como Francisco Ortega (Salisbury, Mocha Dick), y Baradit (Historia secreta de Chile), recordándonos además que su autor Felix Vega, es uno de los grandes herederos de la primera escuela de la historieta nacional. Hijo de la pintora Ana María Encina y el historietista Oscar Vega (Oskar), co-creador de Mampato, este autor lleva el comic en su historia familiar, y pudimos compartir con él sus impresiones, vivencias y claro, eso que hace de Juan Buscamares uno de los grandes lanzamientos del 2017.

De la ilustración científica a Moebius

Antes de caer en el cliché, lo cierto es que los inicios de Felix en el Comic no guardan una relación directa con su padre, sino que llegó a este mundo por otra vía:
“A los 14 años tomé una revista “Fierro” -donde años después tuve la suerte de dibujar la portada del último número. El #29 en 1992 -y ahí veo una historia de Moebius que se llamaba “Balada”. Era una historia corta, de 6-8 páginas, que comenzaba con uno de estos típicos personajes de Moebius, que va sobre un dinosaurio leyendo el libro “Iluminaciones” de Arthur Rimbaud y citándolo en medio de la selva. Cuando leí esa historia -que acaba de una forma impresionantemente brutal y que te descoloca, yo decidí hacer esto. 
Yo quería ser dibujante científico de enciclopedias. De hecho la ilustración de portada de Juan Buscamares es prácticamente una ilustración científica. Quería estudiar paleontología, astronomía, y estaban todos muy felices, sobretodo mi abuelo, que era médico. Había visto también a mi padre y sus colegas, que pasaban por una época muy dura, a pesar de que ellos venían de la escuela de oro, así que yo no veía tan entretenido ser dibujante de historietas. Pero vi esa historia de Moebius y me voló de tal manera la cabeza que dije: voy a dedicarme a hacer historietas, porque quiero llegar a esto. Así que llegué aquí por culpa de Moebius, no por culpa de mi papá, que sin embargo que me ayudó mucho. De hecho mi padre, que era un gran acuarelista, coloreó el primer tomo de Juan Buscamares, gran parte del segundo y un poco del tercero.” 

Herencia Europea y la representación en imágenes 

Acerca de sus influencias a la hora de dibujar, Felix es bien claro al referenciar a quienes lo inspiraron, ya que Juan Buscamares se desmarca del estilo al que estamos acostumbrados tanto en formato, narrativa y dibujo.
“Las primeras historietas que leí fueron en la revista Mampato, donde además venían muchas historietas europeas, como Tin-Tin, Asterix, Bernard Prince y un montón de títulos que eran de la escuela Franco-Belga. Y yo, como otros de mi generación como Gonzalo Martínez o Martín Cáceres, tuvimos esa puerta a la historieta. Después comenzaron a llegar los superhéroes, pero en lo personal nunca me marcaron de la misma manera. Bernard Prince era como una película, los personajes estaban sudados y si había fuego se sentía el calor. Eran como reales. Uno busca en Spiderman y ahí había otros atractivos, como el traje, la perspectiva, y también otros colores. El color es clave en mi estilo, el color de estos comics que yo vi en Mampato fue determinante, antiguamente el color de Marvel y DC era muy plano.”
Otra de las cosas más llamativas de Buscamares es el referente europeo directo que recae en la figura del principito (que a Felix le llamó la atención desde la adaptación cinematográfica del 74, donde aparece Gene Wilder haciendo de zorro), comenta que “Buscamares en su especie de locomotora imposible con oruga, perdido en el lecho del mar seco, en el fondo está en una situación muy parecida a la del aviador en el principito. Entonces yo me imagino que si tu estás en el desierto, perdido, sin agua, esperas a este principito que en vez de corderos dibujaba ballenas.
También tiene que ver con esa frase tan famosa del principito de “lo esencial es invisible a los ojos”, que tiene que ver con toda una filosofía de la representación en imágenes. Yo no interpreto desde la postal cliché, sino que lo veo por cómo tú representas con imágenes, muestras una imagen para contar otra cosa. Después te explican el por qué del principito, que además es el único libro que aparece dentro de todo este mundo de Juan Buscamares.”

Las mujeres de Vega 

Sin duda uno de mis detalles favoritos del dibujo de Felix Vega son sus mujeres, las que él mismo describe como las “que no van al gimnasio”. Imnensas aún en la viñeta más pequeña, logra en su muy particular estilo reflejar belleza genuina con proporciones normales, trazos cuidados y líneas muy respetuosas.
“Georges Bess, el dibujante de El Lama Blanco, me dijo “me gusta cómo dibujas las mujeres, aprovecha eso” y al mes siguiente estaba en Barcelona, con Enrique Abuli, estaban buscando alguien que dibujara mujeres guapas, porque Altuna (Horacio) no daba abasto para el Playboy de España. Y ahí estuvimos con Abuli ocho años haciendo comics para Playboy.”
En el caso de Juan Buscamares, los personajes de Aleluya, Mara y finalmente la guía de Juan, resultan en imágenes que se roban las miradas.
“Cuando era más joven, estaba obsesionado con las ballenas, estaba pelando el cable con el Moby Dick de John Huston, entonces las ballenas estaban siempre, y después me rayé con los dinosaurios -tanto así que gané un concurso en Sábado Gigante de conocimiento sobre los dinosaurios. Entonces pasé de las ballenas, los dinosaurios, los tiburones y todo eso y a los 13-14 años descubro las mujeres y empiezo a dibujar y dibujar mujeres. Yo creo que tenía que ver con las hormonas…”   
Pero las mujeres y su inmensidad no son lo único que caracteriza el dibujo de Vega, sino también la manera en la que hace uso del espacio, los colores y el uso de la onomatopeya sólo como última ratio.
“Uno trata de narrar, de hacer economía de dialogos y terminar narrando con el dibujo y es más, terminar narrando con el color. Que el color sea narrativo. Mis historias siempre son al aire libre porque la idea es que el clima sea un personaje más.”
En términos prácticos, esta edición integral de Juan Buscamares, ampliada y corregida, con material extra, es una nueva joyita de las ediciones nacionales. Publicada por Editorial Planeta, ya se encuentra disponible en librerías y comiquerías. No se pierda la oportunidad de tener esta edición que además de maravillosa, encierra la primera publicación chilena en el extranjero y un registro visual poderoso de la pluma de uno de los hijos de la generación de oro del comic nacional.

http://www.nerdix.cl/conversamos-con-felix-vega-sobre-juan-buscamares/

JUAN BUSCAMARES por Francisco Ortega



Juan Buscamares, la gran epopeya chilena del siglo 21Este legendario cómic está completo y editado en una versión exclusiva para Chile, con material inédito y páginas extras. Puede leerse como el regreso a la patria de un embajador que por veinte años nos llenó de glorias. Es más que un cómic, es un capítulo exquisito y original de la literatura chilena de los últimos años.

En mitad de un desierto, un hombre vestido con un abrigo largo observa los huesos de una ballena jorobada. Giramos la primera página y… «Overhead the albatros, hangs motionless upon the air…», la letra de la primera estrofa de Echoes, esa monumental suite cósmica de 24 minutos que completa la cara B del disco Meddle de Pink Floyd. Dos páginas más adelante el relato nos lleva a 1954, durante el descubrimiento de la momia del niño del Plomo, en el cerro del mismo nombre, frente a Santiago de Chile… Elipsis a varios siglos al futuro.
La Tierra, nuestro planeta, se ha secado. No hay mares, ni ríos, ni lagos. Un submarino enterrado en la arena dispara contra un camión blindado tripulado por un hombre que se hace llamar Juan… El camión escapa y en su huida recoge a Aleluya, una hermosa mujer que vende su cuerpo a cambio de un poco de agua.

Estamos en la página 15 de las 216 de la edición integral de Juan Buscamares, el cómic chileno más importante desde Mampato y que tras triunfar en el extranjero es al fin publicado en Chile a través de una lujosa y cuidada edición del sello Planeta Cómic de Editorial Planeta. Era justo y necesario, también relevante. Un hito, igual o mayor a la publicación de todo Metabarones de Jodorowsky, el año pasado por Penguin Random House.

Aparecida en cuatro volúmenes entre 1996 y 2003, Juan Buscamares es una saga postapocalíptica escrita y dibujada por el chileno Félix Vega, que mezcla mitos latinoamericanos y pesadillas ecológicas en una aventura tan épica como violenta que toma y desarma el arquetipo del fin del mundo en la línea de Mad Max, conduciéndolo hacia un apocalipsis antropológico y mítico en reemplazo del lugar común de la guerra nuclear.
A finales del '96, tras ser publicada –sólo su primera parte- en una edición en blanco y negro, por revista Bandido, Juan Buscamares dio el salto a lo grande. Autor y obra se mudaron a España, vino el color, las acuarelas y la edición en España, Francia, Italia, el resto de Europa y el mercado norteamericano a través de las páginas de la influyente revista Heavy Metal, la publicación más importante del comic independiente a nivel mundial. Juan Buscamares, una historia profundamente chilena era conocida en el resto del mundo, acaparaba reseñas elogiosas y premios, pero acá nadie la conocía.
O al menos nadie fuera del circuito de los lectores de cómic. Y de cómic de autor y europeo, que es un nicho aun más reducido que el de los seguidores del manga japonés o los superhéroes. Juan Buscamares era un mito, una suerte de leyenda urbana de la historieta nacional, un golazo del noveno arte que sabíamos existía pero no teníamos en nuestras manos, salvo aquella primera parte aparecida en Bandido y un par de álbumes recopilatorios que llegaban a librerías especializadas por la casa española Norma Comics.
Y mientras eso pasaba, en Francia se publicaba un integral en tapas duras con toda la saga, a la par que Félix Vega daba inicio a una nueva epopeya, Vinland, su personal acercamiento al descubrimiento de América por parte de los Vikingos, con iguales reseñas y flores de parte de la crítica especializada.

Hijo de Oscar «Oskar» Vega, uno de los tres creadores de Mampato (junto a Themo Lobos y Eduardo Armstrong), Félix Vega es parte de la delantera de la llamada «roja del cómic chileno» que tiene a varios artista locales destacando en mercados tan exigentes y grandes como el Europeo, Asiático y Norteamericano. Profesionales como Gabriel Rodríguez (Locke & Key) y Nelson Daniel (Juez Dreed) que han puesto a la historieta chilena en los pináculos más altos de la disciplina.
Pero si hoy ellos brillan y ganan premios, es en parte por el camino pavimentado por Félix y su tetralogía de Juan Buscamares que a fines de los noventa llevó a su autor al viejo continente, lo convirtió en dibujante estable de la edición hispana de Playboy y permitió que su catálogo, con publicaciones de su completa autoría, fueran adquiridos por editoriales de la industria franco-belga, sin que acá en Chile se supiera de su existencia y sus logros; que en su disciplina convierten a Vega en un artista y un referente al nivel de Raúl Ruiz o Roberto Bolaño.
Hoy finalmente se hace justicia con el autor y su obra, Juan Buscamares está completo y editado en una versión exclusiva para Chile, con material inédito y páginas extras. Puede leerse como el regreso a la patria de un embajador que por veinte años nos llenó de glorias.
Juan Buscamares es más que un cómic, es un capítulo exquisito y original de la literatura chilena de los últimos años, una pieza clave en el fantástico nacional y una gran saga/epopeya que el cine y la TV chilena debieran atender. En una época en que el cómic y la ciencia ficción dominan la taquilla mundial, Juan Buscamares constituye con ventaja la gran épica chilena del siglo 21, una maravilla dibujada y pintada que descubrir más que una necesidad, es una obligación.

http://www.carashombre.cl/ocio/1137/Juan-Buscamares-la-gran-epopeya-chilena-del-siglo-21

20 de enero de 2018

Exposición de originales de JUAN BUSCAMARES en PLOP! Galería















Exposición Juan Buscamares de Félix Vega.
En PLOP! Galería Merced 349, local 7. Metro Bellas Artes. Santiago de Chile.
Del 13 de enero al 4 de marzo. Lunes a domingo de 11:00 a 20:00. Viernes y sábado hasta las 20:30 h.
Entrada gratuita.

Entrega del libro JUAN BUSCAMARES al Museo de Historia Natural de Chile


Con Claudio Gómez, director del MNHN

Me siento honrado y feliz de que JUAN BUSCAMARES  forme parte de la biblioteca del Museo Nacional de Historia Natural de Chile. Se cierra un círculo que se abrió hace 40 años cuando visité al querido museo por primera vez.


Ramón Díaz Eterovic


El escritor Ramón Díaz Eterovic escribe en El Siglo sobre la novela gráfica Juan Buscamares de Félix Vega.

Entrevistas en Cinta Cósmica y Todo por la tarde

Link a la entrevista en Cinta Cósmica de radio Cooperativa:

https://www.facebook.com/Cooperativa/videos/10155048236175895/



La entrevista sobre JUAN BUSCAMARES que me hicieron en Todo Por La Tarde de radionuevomundo.cl
en el siguiente link:

Todo por la tarde

Viñetas del fin del mundo


A propósito de la edición integral que Planeta Cómic hizo de Juan Buscamares en Chile, Carlos Reyes entrevistó a su autor, Félix Vega en Viñetas del fin del mundo. El dibujante y guionista habló de sus influencias, del uso del sueño controlado; de su trabajo narrativo con el color; de su relación con las ballenas; de la creación de sus personajes y reveló muchos de los secretos detrás de esta saga que se publicó primero en Europa y que permaneció inédita en nuestro país hasta ahora. Una oportunidad única para conocer a un talentoso autor y a una de las historietas más importantes publicadas en Chile durante 2017.

13 de noviembre de 2017

Proceso de realización de portada de "ALEX NEMO Y la hermandad del Nautilus" de Gonzalo Martínez y Francisco Ortega

Tras invitarme a realizar la portada de su ya clásica primera novela gráfica "Mocha Dick", Gonzalo Martínez y Francisco Ortega me invitan a ilustrar la portada de su segunda obra en conjunto, la alucinante "ALEX NEMO y la hermandad del Nautilus"

Portada final.

Mi propuesta de boceto para la doble portada.

El dibujo en limpio que hizo Gonzalo en base a mi escueto boceto definió a la perfección a los personajes y maquinarias de su creación.

 Y mi versión final en acuarela y photoshop, basada en el dibujo de Gonzalo.


“Me hubiera gustado viajar en el tiempo para conocer a los dinosaurios”


Viajé a mi infancia con el cuestionario de Fundación Integra:

“Me hubiera gustado viajar en el tiempo para conocer a los dinosaurios”

Este ilustrador chileno conquistó Europa y ahora vino a Chile a presentar su nóvela gráfica Juan Buscamares. En su Territorio Infancia navega entre tiburones, plasticina y azúcar flor.

Por :  | 04 Octubre 2017


-¿Cómo recuerdas la vida cuando el mundo no se extendía más allá de tus juguetes?
Llena de alucinaciones. Veía dinosaurios, robots gigantes, galaxias y explosiones por todas partes. Esperaba que llegara la noche para poder soñar. Amaba los sueños.
-¿Qué juguetes tenías, dónde se fueron tus juguetes?
Tuve algunos dinosaurios de plástico. Yo me hacía mis propios juguetes, con cartón, arcilla y pintura. Hacía naves y personajes de Star Wars, ya que en los años ochenta tenían precios prohibitivos. También hacía barcos, planetas y continentes con plasticina. La plasticina era mi juguete favorito, porque con ella podía hacer lo que mi imaginación me permitiera. No sé qué pasó con mis juguetes ni dónde están. Los imagino destruidos o enterrados bajo sedimentos de escombros. Imagino que serán desenterrados por algún cataclismo o por arqueólogos dentro de muchos siglos.
-¿Juego favorito, solo o acompañado?
Jugar a la escondida y Las naciones. Recuerdo que en primero o segundo básico corría entre los niños y niñas imaginando que estábamos en el mar y yo era un tiburón que podía atacarlos, pero no lo hacía porque eran mis amigas y amigos. Había visto la película tiburón a los 6 años y aunque el tiburón me daba mucho miedo, yo empaticé con él.
-¿Qué olores y sabores recuerdas de esa época?
Me encantaba la carne cruda, el azúcar flor y la miel. No recuerdo olores, salvo el del pan de pascua.
– ¿Qué llevas de tu infancia contigo?

La imaginación. O lo que queda de ella.
– Secretos que no le dijiste a mamá y/o papá
Bajo el block 1 de la Villa Portales había un perro herido (Tenía el hocico destrozado el pobre) en unas mantas, al que cuidamos con unos amigos.
– Jugaste con tierra, tomaste agua de la manguera… ¿Qué otras cosas hacías?
Como a los diez años, unos pescadores me regalaron unos tiburones pequeños que atraparon en sus redes. Uno que estaba vivo la solté en el mar. Recuerdo que casi me mordió. También solía buscar fósiles y minerales e hice un insectario.
– Cuéntanos ese recuerdo mítico del que todos se acuerdan menos tú… (Ese que tu mamá o tía saca a colación cuando le presentas a una amiga o estás reunido con la familia)
Cuando muy niño me creía Pinocho y me quedaba tirado inmóvil durante mucho tiempo, como un muñeco inerte. Dicen que podía estar horas así.
– ¿Recuerdas tu primer amor de infancia?
El primero no fue muy importante y ya tenía doce años. Dejé de ir a verla porque vivía muy lejos de mi casa y sentía que no había magia entre nosotros. Después, a los catorce me enamoré de verdad, perdidamente, aunque fue un amor epistolar y tormentoso.
– ¿Cuáles son los pequeños grandes triunfos que recuerdas?
Gané un concurso de conocimientos de Sábados Gigantes. Me preguntaban sobre los dinosaurios. El premio fue un viaje a Disneyworld. Fui con mi madre. No me gustó Disneyworld, pero me encantó Seaworld.
– ¿Qué súper poder te hubiera gustado tener y si lo tuvieras hoy…qué harías con él?
Viajar en el tiempo, para poder conocer a los dinosaurios.
-Tenías amigos imaginarios, si es así, ¿cómo eran y cómo se llamaban?
No. Nunca tuve amigos imaginarios. Y eso que cuando niño intentaba creer en Dios, pero no lo conseguí. Lo que sí recuerdo es que a los cuatro años conversaba con los perros y ellos me hablaban.
-¿Qué te daba miedo?
Los uniformados. Eran los setentas.
-¿Te perdiste, sí es así, dónde y cómo apareciste?
En la Fisa, en Cerrillos, en medio de la multitud. Me di cuenta de la horrible soledad y desamparo que se puede experimentar en medio de una multitud. Finalmente me encontraron unos compañeros de colegio.
“Mi infancia estaba llena de alucinaciones. Veía robots gigantes, galaxias y explosiones por todas partes. Esperaba que llegara la noche para poder soñar. Amaba los sueños”, dice el autor de Juan Buscamares.
– ¿Qué barrio, calle, edificio o balneario es el lugar de tu infancia?
Pichilemu.
 ¿Cuál era la trampa que hacías para no comer guatitas o la comida que no te gustaba?
La masticaba eternamente, pero no la tragaba.
– ¿Cuál fue tu mayor travesura?
Burlarme con dibujos de los matones del curso hasta hacerlos llorar. También escaparme del colegio e irme al Museo de Historia Natural.
– A qué personaje público invitarías a mirar con ojos de niño la realidad
A Charly García.
– Alguna pregunta para sumar a este cuestionario de Territorio Infancia
¿Qué soñabas en la infancia?
– Alguna persona o personaje que te gustaría para Territorio Infancia…
Al escritor Francisco Ortega.


Entrevista en revista La Panera:

AVENTRA, A SECAS

11/09/17 — POR 
El dibujante Félix Vega lanza la edición integral de «Juan Buscamares». La saga que inició en los 90 y que lo puso en el mapa del cómic europeo con su historia de una Tierra sin agua inspirada en las dunas de Pichilemu y en los ecos de Pink Floyd.
Por Rafael Valle M.

Félix Vega (46) y su personaje Juan Buscamares tienen al menos un par de cosas en común. La primera: “Siendo niños, con mis hermanos nos perdimos en las dunas de una playa, cerca de Pichilemu. Se me ocurrió que para orientarnos debíamos primero encontrar el mar. Mi hermano dijo: ‘Somos unos buscamares…’. Y ahí nació el nombre”.
La segunda es que con la partida de la aventura del personaje, en 1996, partió también la de Vega como cotizado dibujante en el extranjero. Ese primer capítulo publicado en Chile, en blanco y negro, que mostraba las andanzas del protagonista en una Tierra post-apocalíptica y desértica, se vendió más tarde a países como Italia, Francia y España, lo que hizo que la saga se concretara como tal. Con los cuatro episodios que su ilustrador y guionista ya tenía en la cabeza, y que ahora aterrizan en el mercado local en un solo libro compilatorio, con sello Planeta Cómic.
“En Europa gustó el dibujo y las temáticas que abordaba. Pero pidieron que fuese en color. Siempre tuve claro que sería una tetralogía: El Agua, El Aire, La Tierra y El Fuego. Eso también les interesó. Era una aventura con mucha acción, pero a la vez un relato reflexivo”, recuerda Félix, que lleva lo de artista gráfico en la sangre. Su padre fue Óscar Vega, Oskar, quien creó a Mampato junto al editor/ guionista Eduardo Armstrong.
–¿Cuál es la principal influencia de tu papá en tu trabajo?
“Mi padre fue mi maestro y mi amigo (…) Además de un gran acuarelista reconocido internacionalmente, él también fue ilustrador e historietista (…) Realizó las primeras animaciones para la TV chilena. Hizo publicidad, diseño, y escribió algunos cuentos infantiles. Su capacidad de incursionar exitosamente en diversas disciplinas lo diferenció de sus pares. Tuve la suerte de trabajar junto a él muchos años y de verlo interactuar con sus grandes colegas, de los que también aprendí mucho. Además, mi padre también le aplicó color con acuarela a varias páginas de Buscamares”.
«Juan Buscamares» abrió las puertas y su autor terminó varios años en Barcelona colaborando con el legendario guionista español Enrique Sánchez Abulí, haciendo historietas para «Playboy» y «Heavy Metal», y publicando creaciones propias como «Vinland», esa “mezcla de mitología vikinga y chamanismo precolombino”, de la que prepara una segunda parte.
Félix, sin embargo, se ha ido acercando a Chile en varios frentes. Hoy vive en ese inspirador Pichilemu y sus dibujos lucen en portadas de libros locales como «Mocha Dick» (2016) y «Cochrane vs. Cthulhu» (2017). La edición integral de «Juan Buscamares» es otro regreso y también recuerda otras influencias que se cuelan en esta epopeya donde conviven el futuro al estilo «Mad Max», las lecturas religiosas, los paisajes oníricos. “Cuando niño mis padres me llevaron al Museo Nacional de Historia Natural de la Quinta Normal. Quedé maravillado con el esqueleto de la ballena e impactado con el niño del Cerro El plomo. Esas imágenes, que quedaron en mi memoria, más la posibilidad de un desastre ecológico global, fueron el germen”, cuenta el ilustrador.
–¿Qué otras inspiraciones reconoces?
“Mis grandes influencias en el cómic fueron Moebius, Oesterheld, Breccia y Pratt. En el cine, David Lynch y Miyazaki. Y en la música, Pink Floyd. Leo pocos cómics. El cine y la música me influencian mucho más (…). Por ejemplo, el tema «Echoes», de Pink Floyd, me hizo imaginar algunas secuencias de la historia de Buscamares”.
El libro, editado por Planeta Cómic, trae 220 páginas y novedades. “Además de los cuatro tomos redigitalizados, corregidos y ampliados, incluye un prólogo y un epílogo dibujados. Muchas páginas nuevas. Junto a varias páginas con extras. Bocetos e ilustraciones. Es la edición de «Juan Buscamares» que siempre quise”, dice Félix Vega.